Tenía unas morcillas que me trajo mi madre y tenía claro que quería hacer algo especial con ellas, porque si no las morcillas de cebolla me resultan muy picantes y un poco pesadas.
Por cierto, he estado investigando un poco sobre este alimento y he descubierto que está presente en los recetarios de multitud de países. ¿lo sabíais? Alemania, Francia, Italia, Argentina, Perú o incluso ¡Corea! siempre me ha parecido curioso que en lugares tan distantes se hayan realizado descubrimientos similares como el pan o el vino... pero lo de la morcilla me ha hecho una gracia especial la verdad.
No se me ocurrió mejor opción que una tarta salada, que combinara con algo más dulce, quedó muy mona y sobre todo... ¡suculenta! decidí combinarla con peras (ya había hecho otra tarta de morcilla con manzanas y quedó espectacular) para aligerar y darle un poco de frescura.
Se puede tomar fría o caliente, así que os puede solucionar una merienda o una reunión con amigos.

