A veces cuando voy a hacer la compra, compró de más: me despisto y compro cosas que creía que no tenía y sí tenía, me dejó seducir por una oferta y compro 2 ó 3 unidades de algo que luego tardo semanas o meses en usar… en fin, que entre que me gusta tener de absolutamente todo y que me dejo tentar por los 2x1, 2ª unidad a mitad de precio, etc… esto me ha llevado a tener muchas latas de conserva (hasta aquí normal, todo el mundo tiene conservas en casa) y muchas galletas, me he juntado con varios paquetes de galletas María sin darme cuenta y sólo de vez en cuando me apetece desayunar con este tipo de galletas, así que le he estado dando vueltas, pensando si podía darles un mejor uso y la verdad es que tengo alguna receta hecha con galletas: como la deliciosa tarta de limón, pero aunque es una de mis favoritas, me apetecía hacer algo diferente, probar cosas nuevas.
El otro día tomé algo que me dio una idea, se trataba de una tarta deliciosa, estaba hecha de capas de galleta, bizcocho y crema. Lo curioso es que esta tarta la compré en una cadena de comida rápida y posiblemente se tratase de una tarta descongelada, pero al probarla se te olvidaba el origen, era tan rica y tan cremosa que no paramos hasta acabar con ella.
La verdad es que quedé impresionada del sabor de la tarta, digna de la mejor pastelería. Desde que la terminé he estado pensando en hacer una similar yo misma, tomando como ejemplo su estructura de capas, pudiendo hacer uso del exceso de galletas. Ayer me puse al fin manos a la obra, pensé en qué sabores combinar, cómo hacer los pisos y me dí cuenta de que lo más sencillo sería hacer unos vasitos, que además me permitirían hacer las raciones que considerara oportunas para no dar lugar a excesos, que ya está aquí la navidad y vamos a ir de comilona en comilona…
Después de darle unas vueltas y decidir de qué serían las capas, empecé a montar mi postre y este fue el resultado.